sábado, 10 de septiembre de 2011

Húngaros

Gabi Manuli es una periodista argentina que vive en Budapest. Desde su blog (http://enbudapest.blogspot.com/2011/08/aprendiendo-hungaro-hagamos-un-trato.html) cuenta sus dificultades haciéndose entender en húngaro, y separa a los húngaros en tres categorias de personas dispuestas ( o no) a entenderla.
Leyendo su reporte, me di cunta que los hombres tambien existen en estas categorias, segun esten diapuestoa a entenderte cuando les hablás en serio, o no. Veamos:


"Sé que los hungaros ( lease hombres) no están acostumbrados a que los extranjeros ( léase mujeres ) se adentren en su idioma (“el único que el diablo respeta”), pero también es un círculo vicioso. Ustedes no nos entienden, nosotros nos frustramos, y así todo sigue. Vamos, si pido un “szöld tea” (té verde), aunque mi “z” no resuene tanto, y mi “ö” no sea perfecta, no creo que sea tan complicado adivinarlo. Camareros húngaros! Vamos que se puede!
Esto no se aplica a todos los húngaros. Claro está. Por eso estuve desarrollando una “teoría” de las distintas categorías de respuestas de un nativo frente a un no nativo que intenta, al menos, balbucear algunas palabras magyares.



1) El primer grupo de estudio caería en lo que podríamos denominar el “Ay, que dulce”. Allí entran amigas mías como Petra o Zsuzsi, o la camarera que todas las mañanas sonríe cómplice cuando pido “capuccino sok habbal” (con mucha espuma). Para este grupo, no importa lo qué digamos o cómo lo digamos. Para ellos es suficiente el esfuerzo y todo siempre va a estar bien. Son los mismos que nos felicitarán como si hubiéramos terminado de escribir un tratado de lingüística, cuando podamos armar una oración entera sin fallarle a la gramática. Siempre estarán al pie del cañón para explicarnos cómo se dice algo. A ellos no queda más que decirles gracias, y sepan que por gente como ustedes sigo pagando mis clases todas las semanas.



2) Es hora entonces de introducir la segunda categoría. Los que podríamos denominar “los eternos correctores”. Acá hay distintas variantes. Digamos que hay “correctores con la mejor onda”, que no saben que interrumpiendo cada maldita palabra que decimos para mostrarnos nuestro error, a veces sólo genera un efecto contrario. Y también están los “correctores con un poco menos de onda”. OK muchachos, ya sabemos que mi húngaro es básico, pero si me corrigen, en un punto es porque entendieron lo que quise decir. ¿No es ese el propósito de la comunicación?



3) Y llegamos a los más temidos. A los “no te entiendo nada y tampoco me importa entenderte”. En general, los especímenes de este grupo suelen estar en posiciones claves como “camareros”, “encargados de supermercados” o “vendedores”. Sepan que ellos nunca harán un esfuerzo por entenderte y, en general, te lo demostrarán trayéndote algo exactamente opuesto a lo que deseabas. También entran en esta categoría las personas que creen que si te gritan lo suficientemente fuerte una frase inentendible para tu húngaro, terminarás develando el misterio. No señores, no es así. En general, los “no te entiendo nada y tampoco me importan” no hablan otro idioma que no sea el húngaro. O, también puede pasar, piensan que si sos extranjero hablás inglés. Otro preconcepto.


Nota al pie: de más está decir que muchas veces las categorías se mezclan y un “ay que dulce” se puede combinar con un “corrector con buena onda”. Todo dependerá del interlocutor y de nuestro grado de inspiración al momento de expresarnos. "

Y de las ganas de ccmunicarse efectivamente y la buena voluntad de hacerlo de modo armonioso,demostrando comprensión y apertura mental,y ganas de llegar realmente a vos y a entender qué queres expresar, cosa que -lamentablemente- a pocos hombres les preocupa.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Húngaros??????? Hombres?????? Hahahahahahahahahahahhahahaha Pense que Los Húngaros son de Hungría... que estupido soy..

Común dijo...

Hola!!!!
Te descubrí hoy en el concurso y me doy cuenta que he estada por aquí otras veces....cuantas visitas tenees, te felicito cuando llego a los 200, me siento muy feliz jijiji y vos estas pasando los 4000 diarios..
Un abrazo de oso.

amalia dijo...

Yo viví en HUNGRIA en mi niñez ,un año y dos meses de horror .
No se asusten ,soy algo añosa y mi padre era embajador en Hungría ,con tan mala suerte ,que nos tocò el tiroteo más impresionante.
Fué una época muy exaltada para HUNGRIA ,una revolución que el mundo ignorò y una valentìa sin límite.
Fuí a una escuela que se parecìa muchìsimo a nuestras escuelas en ARGENTINA.
Parece mentira ,tan lejos de mi país y los interiores de las casas eran semejantes a los de mi provincia argentina.Sobre todo las bañaderas ,eran todas modelos idénticas.Los grifos también.
El idioma no lo hablé nunca ,pero me entendìa con todo el mundo.Recibí mucho amor allí y me hablaban en RUMANO .Ellos balbuceaban en rumano y yo lo hacìa en castellano.Le decía a mis padres que el rumano me parecìa "no se porque lo definìa asì" como un castellano hablado por máquinas.
Recuerdo un tren en miniatura con estaciones y chicos que lo manejaban.
Se construyò más o menos en esos años.
Cuando vi,en la actualidad el BUDAPEST de hoy en dìa me parecía mentira como en la infancia no notamos la magnificencia de los edificios.
Ahora claro todo está muchìsimo más impecable que en aquellos tiempos.
Lo que busqué fué el duendecillo que me parece lo pusieron en otro lugar.Yo no lo recordaba allí .
Los leones y las cadenas también las recordaba en el puente.
La estatua con la espada también estaba en mi memoria-.
PERO TODO ME PARECIO TAN DISTINTO ,tan bello ahora.
TENDRAN VIDA LAS COSAS?
La gente si que no cambió ,tuve oportunidad de encontrarme con añosos compañeritos.