sábado, 11 de julio de 2009

Perdidas en Tokyo


Hace un año conocí en un congreso de humor gráfico en Francia a la excelente humorista japonesa Toshiko Nishida. Le pregunté a Toshiko donde publica sus fabulosos dibujos humorísticos, y me dijo “En ninguna parte, porque soy mujer”.
Me quedé helada, sin entender la respuesta, y ella insistió “Es que lo peor que le puede pasar a un ser humano es nacer mujer en Japón” .
Confieso que creí que exageraba. Pero pasó un año y Toshiko sigue sin publicar. Se sabe que el humor grafico es un reducto masculino, como casi todos los oficios del mundo, pero en cualquier ámbito de varones, alguien tan buena como Toshiko acaba siendo publicada. Y ella no lo logra- pese a que me consta que lo ha intentado – simplemente, porque es mujer.
¿Qué pasa con las mujeres en la sociedad japonesa?
El japonés es un pueblo que no se toca. Los besos en público están prohibidos hasta entre novios, el saludo es solo una reverencia. Y sin embargo, su manga para adultos (hentai) esta llena de escenas de perversa pedofilia. Sus protagonistas son niñas de pechos gigantes, y tiene versiones para gays y lesbianas que haría ponerse colorado a cualquier occidental.
Las modelos son cada vez más jóvenes, púberes que posan semidesnudas en poses provocativas, y no hay leyes que las protejan. Hay vagones de trenes exclusivos para mujeres, debido a la frecuencia con que ellas son víctimas de manoseos en el transporte público.
Un viajante de comercio también me contó que parte de las gentilezas que tienen con uno los anfitriones japoneses es ofrecerle prostitutas de regalo, como la que sufre Bill Murray en la película “Lost in Translation “ – aquí traducida como “Perdidos en Tokio”- , que le ruega que él le desgarre las medias, con pronunciación oriental – “ lip” en lugar de “ rip” – lo que convierte en grotesco lo que pretendía ser sexual.
Otro indicador de la situación de las mujeres en Japón es el alquiler y venta de sofisticadas muñecas de goma con dulce rostro de niñita japonesa desvalida y pechos gomosos de dimensiones que en la vida real natura non da , pero la silicona presta.. La industria de vaginas electrónicas cuenta con modelos que hasta imitan el sexo oral con “ real slurping sound” ( prefiero no traducir).
La tradición japonesa por guardar las reglas y los modales ha logrado una sociedad eficiente, educada y tan ordenada como para que sea delito leer un diario grande en el subte porque puede molestar al vecino.
Pero tal vez tanta distancia física y tanta formalidad tenga a los japoneses perdidos respecto al rol de la mujer, a la que prefieren seguir teniendo lejos, distante, y extraña, para preferir reemplazarlas por nenas de goma y aparatos de plástico que, por supuesto, son mucho más dóciles e inofensivos que el amor.

1 comentario:

LUPI dijo...

Ana, ¿ya intentó esta humorista publicar fuera de su país? Creo que le iría muy bien.