miércoles, 27 de agosto de 2008

Cómo saber si cumpliste 40 años

Esta es una serie de síntomas de que una entró en la cuarentena. Si te identificas con 5 o 200 de ellos significa que ya tienes 40, por más que quieras negarlo y escondas la cédula de identidad.

Síntomas en la vida social

Ya no tienes amigas que se casen de apuro.
Ya no tienes fiestas de casamiento: sólo te invitan a fiestas de quince.
Con tus amigos te ves cada vez menos, porque todos están demasiado cansados como para salir.
En las reuniones familiares, cada vez tienes que poner más sillas a la mesa, porque tus sobrinitos empiezan a venir con sus novios y novias
Cada vez concurres a menos espectáculos, porque la pereza que te da ir al centro y hacer cola en la boletería es mayor que las ganas de ver la película o la obra de teatro.
En las reuniones con tus amigas, en vez de llevar pasteles llevas botellas de vino.
Vuelves a llevar regalo a los cumpleaños, como cuando eras chica.
Con tus amigas, en vez de hablar de hombres, se habla de hijos, y en vez de hablar de modas, se habla de liftings.
Primero cambias cine por video, y después cambias video por el zapping del control remoto, porque hasta ir al video club te da pereza.
En las reuniones de amigos de ambos sexos, horror de horrores: ¡empiezas a hablar de política y economía!
No entras a un pub, porque el volumen de la música, la ropa que usan los clientes y cómo te mira la gente, hacen que quieras que te trague la tierra.
Con tus amigos, en vez de pasarla bien pasándola bien, la empiezas a pasar bien recordando las veces que estando juntos la pasaron bien.
Si pierdes tu agenda, pierdes tu vida social: no hay un teléfono que logres memorizar.
Empiezas a ir a las reuniones de consorcio del edificio en donde vives.
Te invitan a velorios cada vez con mayor frecuencia.
Tienes un grupo de amigos y parientes a quienes sólo encuentras en los velorios.
La inmensa mayoría de los llamados telefónicos que recibes en tu casa son para tus hijos.


En el restaurante

Si vas a un restaurante con tu marido, piden una pizza chica en vez de una grande, y una ensalada completa para compartir en lugar de una Suprema Maryland.
Eligen la mesa en la ventana para chusmear a la gente en vez de la mesita íntima del fondo.
Cuando el mozo te pregunta si al bife lo quieres bien cocido a más crudo, le respondes: "En pedacitos".
Evitas todo lo que sea picante.
Te quejas al mozo de que la gelatina es muy dura.
Pides tu orden sin sal, o con sal sin sodio.
En vez del restaurante caro y de moda vas al bodegón barato de la vuelta, o a la fonda del chino donde se come de todo por cuatro pesos.
En vez de Fondue Savoyarde en la Maison de Charles , tú y tu marido, van a buscar un pollo asado a la rotisería de la esquina.
Si ves una cucaracha debajo de la mesa, en vez de armar un escándalo al gerente, la pisas y sigues comiendo.
Sólo les dejas propina a los camareros que te atendieron bien.
Comes como una cerda, pero el café lo tomas con sacarina.


Síntomas físicos

Todos tus médicos son menores que tú.
Se incrementan las visitas al flebólogo.
Te empiezan a pedir densitometrías.
No te miras al espejo antes de haberte maquillado.
Evitas la luz despiadada de los ascensores con espejos.
No juegas al tenis con nadie menor de 45 años.
Dejas de comparar tus fotos recientes con las de hace 15 años atrás, y empiezas a compararlas con las de tu abuela.
Sos demasiado joven para el instituto geriátrico y demasiado vieja para ser una estrella de rock.
Compras menos para no cargarte con el peso de las bolsas.
Dejas de patinar en rollers, no porque te canse, sino porque el más viejo que concurre a donde puedes hacerlo tiene apenas 18 años.
Compras ropa que te tape en lugar de que te marque las formas.
Si sales a caminar o a correr por deporte, se lo cuentas a todo el mundo para que sepan que te da el cuero.
No consigues una amiga para jugar tenis, ni aunque pagues tú la cancha.
Ya no usas la bicicleta “ porque se llega antes en auto”.
Te anotas por quinta vez en un gimnasio, pagas la matricula, la cuota, le cuentas a todo el mundo que lo hiciste y a la segunda clase no vas, porque la primera te agotó, y además te saca tiempo para ir al supermercado.
Si te anotas en una clase de buceo te preguntan el nombre de tu hijo.
Ves los recitales de rock por televisión en vez de ir al estadio (en el campo te pisarían y en las tribunas no verías nada).
Después de una comilona, necesitas mucho más tiempo que diez horas de sueño para reponerte.
Una resaca alcohólica puede durarte dos días seguidos.
Te das cuenta que has tomado más de medio vaso de vino cuando al día siguiente tienes un dolor de cabeza que no se te va ni con quince aspirinas.
La alegría de haberte nadado un largo en la pileta, o de haber pedaleado diez kilómetros seguidos, se te evapora cuando te duelen todos los huesos durante la semana siguiente.
Empiezas a tener más oro en la dentadura que en el joyero.
Se te empiezan a llenar de remedios la mesita de luz y el botiquín.
Ya no tienes una amiga que no se tiña el pelo.
A tu marido le aparecen canas en el vello del pecho y a ti en el vello del pubis.
Cada vez te cuesta más trasnochar, y te cuesta menos levantarte temprano.
En vez de buscar mirarte en cualquier superficie que te refleje, empiezas a evitar los espejos.
Ya no te aburre veranear siempre en el mismo lugar: es más, te ahorras el stress de innovar.
Te das cuenta que tu boca promete cosas que tu cuerpo no puede cumplir.
Te entusiasma más la idea de llegar a casa y ponerte las pantuflas, que de llegar a casa, ponerte los tacos altos y salir a bailar.
Cada vez te cansa más atarte los cordones.
Te gusta más el invierno que el verano: no tienes que ponerte la malla.
Cuando vas a la playa, en vez de caminar hasta el muelle y vuelta, o saltar las olas y nadar detrás de la rompiente, te dedicas a embadurnarte con Pantalla 50, y quedarte debajo de la sombrilla a leer el diario.
Los sábados a la noche, en vez de salir, resuelves quedarte en casa con un buen libro, si no hay nada en la tele.
Evitas la ropa sin mangas para que no se note cómo se te aflojaron los brazos.
Ya no te entusiasma salir a comprarte ropa, porque ves las vidrieras llenas de cosas que te quedarían ridículas.
No encuentras zapatos lindos que puedas usar sin llorar del dolor.
Ante cualquier dolorcito, piensas que es preinfarto o tumor maligno.
Te cansas en las escaleras, aun bajándolas.
Lo mejor de las noches de verano no es caminar a la luz de la luna, sino quedarse en casa con el aire acondicionado al máximo.
Cambiaste la clase de aerobics por clases de yoga.
Si para buscar algo necesitas levantarte de la silla, lo piensas dos veces.
Hay más pelos acumulados en el desagüe de la bañera que los que hay en tu cabeza.
Cambias la cerveza por el vino tinto, y el vino común por el malbec, que tiene más bioflovanoides.
Sabes qué son los bioflavonoides.
Te preocupa más el colesterol que la celulitis.
Esta letra te parece muy chica.